CUENTECILLO AL DESPERTAR
Emergía de la vorágine de sus emociones no sabía que. Aunque, eso sí, podía, lo que fuera, tomar un caudal incesante de letras que no pocas veces, sin embargo, terminaban en verborrea ficticiamente sentida; con lo que, a pesar de todo, su éxito, en los asuntos a los que iban determinadas, era más que considerable, sobresaliente. Si alguna vez le daba por pensar consideraba que cuanto él era y todo lo que a él le ocurría se debía a su genio, únicamente por el mismo generado. De entre todas las letras, unas se repetían más bien de manera aleatoria y muchísimo. Se repetían, y creía sin dudar que tal abundancia de repeticiones tan solo de él procedían, aún más, en él se generaban. Para nada podía sospechar de ellas como siendo fruto caido de la cultura en que chapoteaba su alma y retozaba su cuerpo. No solo a veces pensaba sino que incluso, pero menos todavía, se esforzaba, ya digo, muy ocasionalmente, en reunirlas -a las letras me refiero-. Pensara en sí o no (mucho más esto último) se es...