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Entrades

ADOCTRINAR XVIII

Conviene tal vez recordar algo de las primeras partidas jugadas. En realidad no quiero que se trate de varias partidas sino que de una prologada durante jornadas, dispersa entre periodos de silencio de irregular duración dedicados a repostar nuestra reflexión en juego.
Una sola partida, porque pretendemos una conceptualización alrededor de qué cosa sea esa de adoctrinar. Nuestra pretensión se asemeja, tan solo algo, a aquella otra que rondaba, sin lograr hacerse con ello, la cuadratura del círculo.
Jugamos a elaborar, entre jugadas y jugadores particulares, los atributos, las notas, de aquella palabra. 
Los conceptos de cualquier cosa que pueda ser referida por algún nombre sustantivo, e incluso adjetivo, parece que se pueda circunscribir, conceptualizar con relativa facilidad por alguna de las palabras que heredamos y ya hechas a medida de cada elemento por ellas designadas. Palabras con las que damos cabida y encuadramos a cualquier cosa, al menos el suficiente tiempo o de manera suf…
Entrades recents

ADOCTRINAR (XVII)

En la jugada anterior asomamos la cabeza allí donde tan solo cada cual puede no tan solo asomarse sino que, mucho mejor, adentrarse. Nadie ni nada puede hacerlo sustituyéndome, aunque tantos otros factores, humanos y no humanos, lo pretendan. Esa es la región de mi libertad, donde yo la puedo originar. Región que puedo, si así quiero, franquearla y habitarla. Habitarla en mis propias construcciones.
Se me ocurrió, en aquel momento del juego, la metáfora del obrador. Ahí, adentro, donde podemos gestar, no como gesto sino que como proeza íntima, nuestras propias convicciones (y no solo esto). Ahí, donde sentimos vergüenza ajena, en sentido estricto y cuasi objetivo, cuando tan solo se nos brindan no más que gesticulaciones y mimetismos que tanto notamos que no proceden ni pueden proceder de una gestación propia de buena calidad, positivamente humana. Ámbito éste íntimo nuestro donde por propia, y nunca ajena, calidez acontece el deshielo de nuestros petrificados prejuicios y adoctrinamie…

ADOCTRINAR (XVI)

Dejamos, sin despedirnos, la partida anterior en un cierto ápice alcanzado por una -y no a la- fuerza atractiva: Esa especie de contrapeso que es el escepticismo. Custodio de cuestiones que llevan a su propia corriente o al nado en su contra para hacer pie, de alguna manera, en algún lugar para no andar con lo ajeno. Enajenado.
Sobre un filo delicado, se aposenta ahora nuestra sala -recordémosla: corazón y pensamiento- de juegos.
He aquí el filo:
¿Qué no será, para nuestro mantenimiento, adoctrinamiento en esa imposible libertad sin límites humanamente inexistente? y ¿Qué no será en descomposición sin límite alguno, especialmente la misma libertad de nuestro querer ser? El filo es esta especie de aporía; y el juego, el meollo de nuestro juego, consiste en mirar de salvarla, de deshacerla. 
Recordemos esta jugada pasada, la referida a las consideraciones del término inculcar: Inculcar, recorriendo todas sus acepciones, es invadir nuestra capacidad. Hacernos incapacitados para nuestro senti…

ADOCTRINAR (XV)

En la anterior jugada mi amigo J tensó al máximo el arco del pensamiento. Apuntaban sus palabras la sospecha que yo gesto y anido la concepción de una libertad sin límites por la que somos y por la que yo digo cuanto digo en nuestro juego. Y que solo esa clase de libertad sería la garante, sino antídoto, de todo posible adoctrinamiento. Y que la más mínima alteración negativa, limitante de tal libertad no podría más que ser por obra y desgracia ocasionada, sino causada, por adoctrinamiento. Y como tal suerte de libertad es inexistente, entonces todo cuanto podamos llegar a ser no puede ser más que por la eficiente, incansable y continua puesta en práctica del verbo adoctrinar y ello por un sin fin de ramificaciones y canales ejecutivos, gestando y gestionando, algún totalitarismo, un sin número de situaciones y contenidos moldeadores (como marcas que a nuestro poder ser van e iran marcando, los prejuicios) con, en y por los cuales nos producimos y reproducimos con las variantes tan s…

ADOCTRINAR (XIV)

Tras la cita de Hannah Arendt es que tengo dispuesta la carta con que continuar jugando ahora.
Recordémosla de nuevo: El objetivo de la educación totalitaria no ha sido nunca inculcar convicciones, sino destruir la capacidad de formárnoslas.
En lo que llevamos de juego hemos ido recogiendo, entre otras, estas consideraciones alrededor de esta cita:
- Que educación y totalitaria, si juntos, son un par de nombres cuyos referentes son mutuamente excluyentes el uno del otro. Si educación entonces no totalitarismo; si totalitarismo, entonces no educación.
. Igualmente en oposición se hallan lo referido a inculcar y convicción. Si ha habido inculcación, entonces no ha sido formada convicción alguna. Y si por el contrario ha sido formada alguna convicción, entonces ha habido ausencia de inculcación de la manera que esa pueda ser.
. Y que lo totalitario (sistema, régimen, organización, mentalidad, “razonamiento”… ) si alguna finalidad tiene ésta no es otra que la destrucción de una muy valiosís…

ADOCTRINAR (XIII)

Quedaba por mostrar, respecto al amigo y contrincante de juego J, la otra carta. La que tengo medio solapada por la anterior del neonato puesto ya a ser, tal vez, hincha de, demos por hecho, el Barça. Posible y no más que posible caso de muy anodino, quizás, adoctrinamiento. Aún se tiene cierto sentido por el que se puede pensar, incluidos forofos del tal deporte, que, al fin y al cabo el valor en ganancia de un partido de balonpié es de lo más efímero y no de tan excesiva importancia a menudo vociferada. Si acaso, las jornadas futbolísticas, alcanza altos grados en intensiones puntuales con cierta frecuencia, pero por lo que se refiere a la extensión aquella ganancia vicaria es de muy poco alcance, abarca más bien pocas áreas del desarrollo de la vida personal de cada cual para favorecerlas a todas.

Otra cosa son las religiones, que pretendían abarcar todas las áreas personales en las que uno va desarrollándose y creciendo y que, pondría la mano en el fuego, aún ejercen no poca inf…

ADOCTRINAR (XII)

Seguimos con la partida. Como las jornadas se van sucediendo y se alarga nuestro juego, he de procurar la mejor estancia posible en nuestra sala. He traído a la mesa un buen vino. He de decir que no tiene marca comercial alguna; lo adquirí en su momento a granel -un enólogo me dijo en cierta ocasión que todo vino cuyo precio la botella de litro excediera los diez euros correspondía, el pagarlos, a vaya usted a saber que deseo del comprador; uno de tal precio límite y aún de bastante menos podía muy bien ser un muy excelente caldo-. Sirvo a mis virtuales convidados uno de muy exquisito, de bodega donde aún rellenan barriles, guardado, por mi parte, en botella de vidrio. Y como sé que en vosotros las cifras, elevadas o nimias, no refieren ni impresionan a vuestro paladar, digo de aquel su precio: la cuarta parte del puesto como límite por aquel enólogo.

El turno en el que me toca jugar aún es con mi amigo J. Concretamente con su escepticismo. ¿O fuera mejor decir con su convicción? ¿Es é…