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Entrades

ADOCTRINAR XXIII

Reanudo pues el juego con la carta ya mostrada a mi amigo en la sesión anterior.
Si también el manipulador es un ser manipulado y si la posición, sin que haya otra para las jugadas que van a seguir, es la común entre P, mi amigo en el juego, y yo mismo; es decir, si la posición es la de débil manipulado, entonces brota una primera pregunta: ¿Qué posibilita la manipulación? No ya quién, sino que qué, la hace posible y tan expansiva y expandida como mi amigo P siente que es y está en nosotros, en cada uno de nosotros.

Juego la carta de esta inscripción: También el manipulador es un humano manipulado. Además concedo a mi amigo, para hacerme a él y así no imposibilitar nuestro juego, la supremacía de la manipulación. De tal manera: Que la humanidad entera queda distribuida entre dos inmensas categorías, Quienes son, unos, los manipuladores y, los otros, los manipulados. 

No es esa una categorización maniquea, pues el manipulado puede llegar a ser un muy efectivo manipulador y el manipulador…
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ADOCTRINAR XXII

Cuando mi amigo contrincante en el juego dice manipulación lo hace -o yo así lo escucho- refiriéndose a su poder, al poder de la manipulación. Al poder que tiene sobre la conducta y otras manifestaciones humanas –cuyas previas íntimas están ya presentes merced a la inculcación, ya jugada con J en anteriores jornadas; la inculcación es su sustrato- . Y también, menciona él, la vasta extensión de su dominio. Parece que cubra toda la Tierra, afirma P. Mejor dicho, creo yo, a  nuestro mundo, por diversificado que esté lo tiene bien cubierto.
En un reconocimiento de responsabilidad, exenta pero de ella toda culpabilidad (ámbitos internos que habría que diferenciar siempre), uno puede pensar -y así muestro a P- que el poder se manifiesta, con claridad, en alguna debilidad. En nuestro caso en una debilidad nuestra. Debilidad que mientras que no sea -o en la poca medida que lo sea- reconocida, la manipulación se instala y crece exponencialmente por sus dominios generales; es decir por el mundo…

ADOCTRINAR XXI

Voy a monitorizar en pantalla, a base de palabras intencionalmente significativas (espero), los naipes de ideas con que reanudar el juego, ahora frente a mi otro amigo P.
Recordemos. Él es quien parece percibir, y así dice, que todo, lo humano y lo social, es y está bajo la categoría (de manera completamente eficiente, es decir, inculcada en nuestra realidad) de manipulación, es decir, quemanipulados. De tal manera estamos. 

Realidad y razón, para ello, creo que no le falta. Intentaré, de todas maneras, considerar hasta que punto alcanza, y de qué manera, tanta manipulación (se entiende que en sentido peyorativo, no meterioalmente constructivo).Todos manipulados me parece excesivo, pero bien podría ser que así fuese. Así que llevaré, para empezar el nuevo turno de jugadas, hasta el extremo las consideraciones de mi amigo adversario: Me diré que somos una especie manipuladora y por tanto manipulada. Intentaré comprender, abarcar así, el decir de las cartas con las que P juega y poder d…

ADOCTRINAR (XX)

De nuevo en la sala de juegos, que en nuestro caso es la relación, por no decir corazón, de lo que cada cual pueda aportar mediante ese medio y acción común que podemos denominar como pensar. Y si se quiere, todo ello en vistas a querer ser, aún de mejor manera (cada cual sabrá si de otra u otras mejores).

Las cartas de mi otro amigo P están todas marcadas. Todas exactamente y de la misma manera marcadas. No podemos por tanto, ni sobre todo tampoco queremos, hacernos trampas. Sabemos que son marcas por lo pensado hasta ahora durante anteriores jornadas ya jugadas, y tal vez por lo que veamos en las futuras. La marca es de agua difícilmente perceptible. Agudizando mucho la mirada (como ese esfuerzo, no del todo frustrado, de quien se las ha de ver con una miopía magna para percibir lo muy menudo o lo muy lejano) la podemos advertir con escasa claridad. Dice así: “convicción”. Lo que puede pasar más desapercibido por lo especialmente tenue de su trazo son las comillas; esas que nosotros …

ADOCTRINAR XIX

También en alguna jugada pasada quisimos preguntarnos (dado el raquitismo de convicciones, no así de inculcaciones, existente en nuestras sociedades actuales) bajo que sistema totalitario estamos sometidos sin sacar apenas cabeza, ya que precisamente esta clase de sistemas, los totalitarios, se caracterizan -adoptamos como ayuda el decir de Hannah Arendt- por la destrucción de nuestras capacidades para formarnos convicciones, entre otras diversas cosas que no correran mejor suerte. Formarnos convicciones sin instrucciones ni vigilancias provenientes de instancias superiores que nos las hubieran de inculcar día y noche y mantener a lo largo y ancho de un sin número de programas de todo tipo, rellenos hasta la saciedad de un sin fin de consignas con monótonas, obsesivas, cadencias repetitivas destinadas a ser cumplidas. Y no quisimos negar la sospecha de cual es este sistema tan abarcador. Ese es su nombre: monolítico-modelo-económico-actual-de-ya-algún-tiempo-ha. Y de aquí el motivo e…

ADOCTRINAR XVIII

Conviene tal vez exprimir aún algo más de las primeras partidas jugadas. En realidad no quiero que se trate de varias partidas sino que de una prologada durante jornadas, dispersa entre periodos de silencio de irregular duración dedicados a repostar nuestra reflexión puesta en juego.
Una sola partida, porque pretendemos una conceptualización alrededor de qué cosa sea esa de adoctrinar. Nuestra pretensión se asemeja, tan solo algo, a aquella otra que rondaba, sin lograr hacerse con ello, la cuadratura del círculo.
Jugamos a elaborar, entre jugadas y jugadores particulares, los atributos, las notas, de aquel verbo. 
Los conceptos de cualquier cosa que pueda ser referida por algún nombre sustantivo, e incluso adjetivo, parece que se pueda circunscribir, conceptualizar con relativa facilidad y ser nombrado por alguna de las palabras que heredamos y ya hechas a medida de cada elemento por ellas designadas. Palabras con las que damos cabida y encuadramos a cualquier cosa, al menos el suficie…

ADOCTRINAR (XVII)

En la jugada anterior asomamos la cabeza allí donde tan solo cada cual puede no tan solo asomarse sino que, mucho mejor, adentrarse. Nadie ni nada puede hacerlo sustituyéndome, aunque tantos otros factores, humanos y no humanos, lo pretendan. Esa es la región de mi libertad, donde yo la puedo originar; mejor, darle para mi, origen. Región que puedo, si así quiero, franquearla y habitarla. Habitarla por, en y para mis propias elaboraciones.
Se me ocurrió, en aquel momento del juego, la metáfora del obrador. Ahí, adentro, donde podemos gestar, no como gesto aparente sino que como proeza íntima, nuestras propias convicciones (y no solo esto). Ahí, donde sentimos vergüenza ajena, en sentido estricto y cuasi objetivo, cuando tan solo se nos brindan no más que gesticulaciones y mimetismos que tanto notamos que no proceden ni pueden proceder de una gestación propia de buena calidad, positivamente humana. Ámbito éste íntimo nuestro donde por propia, y nunca ajena, calidez acontece el deshielo …