ADOCTRINAR XXII
Cuando mi amigo contrincante en el juego dice manipulación lo hace -y yo así lo escucho- refiriéndose a su poder, al poder de la manipulación . Al poder que tiene sobre la conducta y otras manifestaciones humanas –cuyas previas íntimas están merced a la inculcación ya jugada con J en anteriores jornadas de nuestrto juego- . Y también, menciona él, la vasta extensión de su dominio. Parece que cubra toda la Tierra, afirma P . Mejor dicho, nuestro mundo, por diversificado que: El único humano. En un reconocimiento de responsabilidad, exenta pero toda culpabilidad (ámbitos internos que habría que diferenciar siempre), uno puede pensar -y así muestro a P - que el poder se manifiesta en alguna debilidad. En nuestro caso en una debilidad nuestra. Debilidad que mientras que no sea -o en la poca medida que lo sea- reconocida, la manipulación se instala y crece exponencialmente por sus dominios; lodicho, el mundo, nuestro humano mundo, distinto del físico. Al poder se le suele admirar por el lad...